Injusticia nacional

Pocas cosas son las que suelen unirnos de una manera tan contundente: el futbol (para bien o para mal), la comida y ahora la justicia.

Para comprobar esta afirmación, solo basta que haga un pequeño experimento, algo sádico, por cierto. Mire un noticiero durante una semana y podrá apreciar ver el patrón muy claro de identificar: un caso -generalmente de una persona de escasos recursos económicos- que traduce una afectación de un bien sensible mediante un robo, violación, asesinato, etcétera; inmediatamente el pedido: queremos justicia.

Lo sucedido ayer en la llamada “Justicia anticorrupción” parece -insisto- parece, marcar un hito de reacción que rebalsa el vaso de la tolerancia. La diferencia es que ayer tocaron a personas con un mayor peso de influencia especifico. No obstante, como vemos, esto sucede todos los días desde hace muchos años.

Un ex Congresista cae detenido por un delito que está claramente comprobado y se queja de las condiciones de reclusión temporal en la famosa División de Requisitorias. Que espere no más cuando llegue al penal lo bonita que va a resultar su estadía. Nuevamente, esto sucede hace muchos años y nadie dijo nada incluido ese Congresista. Así funciona la injusticia en el Perú, damas y caballeros.

En el caso de los árbitros que ayer sumó una nueva ola de detenciones, es crucial separar la paja del trigo. Pese a ello diera la impresión que todos están en un mismo saco y eso tampoco es justicia. Para todos queda claro lo que parece ser un secreto a voces, nuestra justicia -hoy “mediatizada” en tiempo real-  responde más bien a criterios de “ajuste de cuentas” y encuentra dirigida a, obcecadamente, conseguir un fin ulterior que pareciera loable y justo. En el camino te “aprieto” -intuyendo que eres inocente- para que “cantes” y luego me entregues al verdadero delincuente ¿es eso justicia?

De ese modo se construyen víctimas que no lo son porque no se respetan las reglas del juego.  Las víctimas se confunden con el delincuente porque todo vale en pos de la justicia que busca, contra natura, quedar bien con la mayoría y mostrar resultados. Una justicia que no es ciega, que busca ser celestial castigando al que se lo merece pisoteando sus propias normas y dejando en el camino a muchos inocentes muertos en vida. Por eso es que resulta importante cautelar lo que los abogados conocemos como debido proceso; un concepto odioso y que muchas veces es manoseado, pero que sirve de garantía para los atropellos contra cualquier persona.

En el Perú la justicia no solamente tiene claras muestras de corrupción. También tiene poderosos sesgos cognitivos y, ahora, complejos. Se trata de ajusticiar al “poderoso” en una suerte de guillotinazo para algarabía del respetable público. Dicho sea de paso el guillotinazo no distingue condición social o económico, pero claro eso a nadie la importa y no hay tanto aspaviento porque es, ahí sí, un defecto del sistema, casi un error estadístico.

Cuando he hablado de esto con otras personas he sostenido que no es que se trate de un aparato del gobierno que cope el sistema y lo pervierta. No, la justicia siempre funcionó así. Quizá ahora sea más evidente porque es televisiva. Quizá ahora efectivamente exista alguien que, funcionalmente, ayude al régimen, no lo sé. Lo único cierto es que esto viene desde hace años y nadie dice, ni hace marchas o acciones. Pienso que es momento de reaccionar.  

¿Qué hemos a la fecha? Formar “n” comisiones integradas por grandes juristas. Excelentes documentos sin posibilidad de ejecución.

¿Qué debemos empezar a hacer? Tomar conciencia en principio de dos cosas: que se trata de un sistema y no solo el Poder Judicial como, de manera miope, algunos ven; se trata un sistema compuesto por: Policía, Fiscalía, Poder Judicial, INPE, abogados, etcétera que es vital entender en su integridad. Y lo segundo entender, que, en cualquier momento, en cualquier lugar, lo que vemos en los medios nos puede pasar a cualquiera de nosotros; de ahí el sentido de urgencia de la reforma.

¿Qué sigue? Como la mayoría de nuestros gobernantes no tiene el ADN de la reforma en su interior (cosa que no es criticable, por cierto), es importante que, desde el más alto nivel, se nombre una cabeza para conducir este proceso de reforma de todo, repito de todo, el sistema de manera integral. Una cabeza que tenga un equipo independiente y que se ocupe de esto todos los días, casi obsesivamente, con metas y objetivos concretos.

Sigo. Mirar que la reforma no es solo una cuestión de abogados (de hecho, cada vez me convenzo que los abogados no estamos contribuyendo a esto y muchas veces resultamos un conveniente estorbo). Para hacer una reforma de este tipo se necesita una mirada interdisciplinaria: ingenieros de procesos, psicólogos, sociólogos, economistas, especialistas en gestión del cambio, especialistas en capital humano, etcétera.   

Luego de tener todo esto, empezar con una estrategia o forma de operar. Presiento que muchas entidades del sistema (por ejemplo, Poder Judicial) son muy difíciles de cambiar de una manera relativamente rápida y eficaz porque tienen muchas resistencias internas (sesgos propios y casi idiosincráticos), problemas laborales (es muy difícil a mucha gente a todos a la vez), etcétera. Siendo ello así, sería mejor crear, por ejemplo, un nuevo Poder Judicial paralelo que asuma temas relevantes que realmente resuelvan conflictos importantes en nuestra sociedad: alimentos, violencia familiar, casos laborales, etcétera. Una vez creado el nuevo Poder Judicial esperar a que el otro simplemente muera, lentamente como es su costumbre.

 Más allá de que lo antes dicho puedan resultar ideas interesantes o no. Lo cierto es que debemos de pasar a la acción pronto. El sistema de Justicia resuelve muchos de los problemas que hoy nos afectan: inseguridad, corrupción, feminicidios, conflictos con actos vandálicos, y de, pasadita, por si no fuera poco, otorga la llamada estabilidad jurídica que hace cumplir contratos y, ciertamente, pone freno a los abusos de poder. Dejémonos de chácharas convenientes, de hacernos los indignados porque eso es más de lo mismo. Empecemos ya a exigir lo que es justo.

                                                                                                              Lima, 30 de octubre de 2019

                                                                                                              Eduardo Herrera Velarde. 

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