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  • Foto del escritorEduardo Herrera

Venciendo el miedo a denunciar

Denunciar en el Perú es muy fácil. Basta solo con querer hacerlo y listo.


Pese a ello existen ciertas circunstancias en las que quien denuncia tiene temor a hacerlo. Una de estas circunstancias es el típico caso de violencia familiar, otro el de las amenazas contra la seguridad personal. También en este saco se meten, ahora, las extorsiones o los abusos del poder que realizan muchas de nuestras “autoridades”.


Y es que -al igual como ocurre con el acto de denunciar- la figura de autoridad en nuestro amado país ha perdido seriedad; convirtiéndose, en muchos casos, en un remedo de un monarca pomposo, prepotente y abusivo que solo ve la manera de aumentar su popularidad, cuando no de “levantarse” nuestro billete.


La corrupción, manifestada no solamente con la coima frontal, aumenta también cuando uno de estos individuos le apetece acrecentar su figura o, como dije, engrosar su patrimonio. Es así que se busca al empresario, sin importar su tamaño o giro, basta solamente que el desafortunado se encuentre realizando actividad de negocio dentro de los límites del feudo. Esto sucede, esencialmente, porque hacer empresa en el Perú es impopular (de manera que puede generar réditos atacar a los empresarios) y porque también los empresarios, en este tipo de casos, simplemente se han dejado agarrar de “punto”.


¿Qué diferencia a un “apretador” que te pide “cupo por seguridad” de un funcionario municipal que -actuando en nombre o conocimiento de su alcalde- te pide que “contribuyas” con algo a cambio de seguir operando? Pues este es el drama que viven cotidianamente miles de empresarios en todo el país. La corrupción, la extorsión y el abuso del poder se han institucionalizado. Muy pocos, contados con los dedos de las manos, se atreven a denunciar. Hay mucho miedo frente a la venganza pues un monarca enfadado puede ser muy peligroso (como las ratas cuando están atrapadas).


Lo primero que debemos de hacer es tomar consciencia de quien tiene el verdadero poder en este país ya que, si seguimos con el síndrome del elefante amarrado a una estaca, continuaremos en el espiral que atrapa nuestra prosperidad. Si el elefante se da cuenta, podrá aplastar a la rata con un solo acto.


La masa crítica que demandamos es la de las personas que se atrevan a denunciar, a cruzar la línea, a vencer el miedo. Dadas las circunstancias, no tenemos muchas alternativas de cambio. Seguramente habrá notables esfuerzos para estructurar una ley que, mágicamente, solucione esta problemática; desde ya les digo, el hampa no conoce de leyes y, obviamente, no las respeta. Entonces, nosotros desde la sociedad civil tenemos que empujar a que la ley se cumpla, manera inteligente y equilibrada. De lo contrario, seguiremos siendo parte del problema que tenemos en frente.


A mis amigos empresarios va este mensaje: atrévanse a denunciar. Aquí estamos premunidos de la convicción de que podemos cambiar esto a pulmón.

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